Psicoinfluencia
La llave para trascender
Especialista en Narrativa y Diseño de Estrategias de Comunicación para Marcas y Negocios que quieren diferenciarse y vender más.
Ideólogo, escritor e investigador del comportamiento humano durante más de 20 años.
Es el Fundador de La Boutique de Mentores.
Dirige la Certificación de Narratipos, por la que ya han pasado más de 100 referentes del sector de la formación, el marketing y desarrollo personal.
Es el Creador del Modelo de Psicoinfluencia®.
Napoleón enmudeció. Houdini no pudo escapar de su influjo. Y David Sobrino encontró una llave.
La que abrió una puerta blindada a miles de personas.
Sucedió en las profundidades de la Cámara de Caos, uno de los lugares más misteriosos e inaccesibles del planeta.
Allí encontró un túnel oculto por el que se arrastró y, en la oscuridad más absoluta, descubrió algo: la Psicoinfluencia.
Una forma de comunicar más allá de lo visible. Una tecnología simbólica para transcender y comprenderlo todo. Una arquitectura con la que diseñar narrativas que hacen historia.
La Psicoinfluencia® consigue que las personas comprendan lo que haces y, por tanto, te compren.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético para conectar y vender.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético en la comunicación interpersonal.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético en la comunicación interpersonal.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético en la comunicación interpersonal.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético en la comunicación interpersonal.
David nació en 1982, en Madrid. El pequeño de cuatro hermanos varones. Desde temprano sintió la distancia, no solo por la edad, sino por la incomprensión de la energía femenina que le habitaba.
Observador, jugaba a los puzzles, pintaba caballos, dibujaba ojos y diseñaba estructuras geométricas.
Desde pequeño, creó su propio universo interior. Un refugio imaginario para escapar de un sistema encorsetado en el que se sentía recluido. Como en una celda oscura de la prisión de Alcatraz. Siempre quiso fugarse. Alcanzar la costa. Explorar nuevos mundos. Pero el miedo al océano —plagado de tiburones— lo detenía.
CARTA MUY PERSONAL
Del 05-11-1933 al 08-04-2025
Mi padre pintaba casas. Con brocha gorda, con manos curtidas, con el sudor en la frente y los pies en el suelo. Pintaba para otros. Sin pretensiones. Sin discursos. Sin esperar aplausos. Lo hacía porque era su forma de estar en el mundo. De servir. De amar.
Durante años no lo vi.
Lo admiraba en silencio, pero aún no comprendía el verdadero legado que me estaba dejando. No era solo la humildad de su oficio, ni su manera de cuidar cada detalle aunque nadie lo notara. Era algo más profundo. Algo que solo comprendí cuando se fue.
La muerte de mi padre me enseñó el verdadero significado del amor. No ese amor grandilocuente, romántico o verbalizado. Me enseñó que el amor se expresa sirviendo con pasión. El amor que se entrega a través del trabajo bien hecho. El amor que se manifiesta en cada capa de pintura que damos en las casas de otros, aunque no sean las nuestras.
Ahí descubrí que yo también soy pintor. No con brocha ni rodillo, sino con palabras, símbolos y narrativas. Mi oficio es otro, pero el propósito es el mismo: entrar en la casa del otro y pintar su alma del color que desea para lograr sentirse en paz y comprendido. He descubierto que la distancia entre las personas no se mide en pasos, sino en capas. Mi padre me enseñó sin palabras que el acto de pintar era, en realidad, un verdadero acto de amor. Cada vez que pintaba nuestra propia casa, reducía el espacio entre las paredes para aumentar el vínculo amoroso entre nosotros, su familia.
Su último respiro fue su última pincelada.
Esa que me hizo descubrir que el verdadero drama de la vida no es que no nos compren. Tampoco que no nos entiendan:
Hoy sé que comunicar es comprender. Que narrar es mimar. Que vender es como dar pinceladas. Y por eso, desde la Psicoinfluencia y los Narratipos, no enseño técnicas de venta. Enseño a pintar. A reconocer la casa del otro. A saber qué color necesita su alma. A reducir la distancia a cero.
Mi padre no dejó un imperio, ni libros, ni premios. Pero me dejó el legado más puro y verdadero: el de vivir con pasión al servicio de otros, el de hacer del trabajo un acto de entrega, y el de saber que la única forma de amar a las personas es pintando con ellas. Capa a capa. Hasta que se reconozcan en el color de su propia esencia. Diseñar la Arquitectura Narrativa del ser humano y decorarla de forma deseada.
Gracias, papá, por enseñarme que el amor no tiene por qué ser un te amo sino una sutil pincelada.
Tu hijo, David.
D .E. P.
La Psicoinfluencia® establece que el uso correcto de estas cuatro dimensiones psicológicas crea un efecto magnético en la comunicación interpersonal.
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